Posteado por: elobservadorcampechano | junio 6, 2009

Enjuiciar a un ex Presidente: Carmen Aristegui F.

Carmen Aristegui F.

Leer la nota ayer firmada por Stella Calloni, corresponsal de La Jornada en Buenos Aires, obliga a pensar en el significado que debería tener para un país el hecho de que quien ejerció la máxima autoridad y abusó de ella sea llamado a cuentas. Inevitables son las analogías y comparaciones. Calloni informa que “el juez federal argentino Marcelo Martínez de Giorgi embargó… bienes del ex Presidente Carlos Menem (1989-1999) por cien millones de pesos (unos 30 millones de dólares), al igual que de su ex ministro de Economía Domingo Cavallo, en su caso por más de tres millones de dólares. Ambos son procesados por delitos de peculado con fondos públicos para beneficio personal… los ministros de Ambiente y de Justicia del ex Presidente también enfrentan cargos”. Aún sin conocer los detalles de las investigaciones al ex Presidente, considerado como uno de los más corruptos en la historia de Argentina, es claro que el andamiaje judicial e institucional está permitiendo procesar hechos de corrupción que dañaron seriamente el patrimonio y la vida de aquel país hace ya varios años.

La analogía obligada es con Salinas de Gortari. Los dos encabezaron gobiernos privatizadores. Ambos han sido señalados por haberse beneficiado -y permitir que sus cercanos lo hicieran- en forma desmedida con esos procesos y licitaciones. En México, el tema se ha revivido con las recientes declaraciones del ex presidente De la Madrid sobre la corrupción, inmoralidad y comunicación con narcotraficantes de la familia Salinas de Gortari. Queda para el registro los motes de hermano incómodo o “diez por ciento” con los que se conoce al mayor del clan.

Menem ha enfrentado desde los años noventa un conjunto de escándalos que incluyen acusaciones por el pago de sobornos de empresas extranjeras y otros hechos de corrupción que quedaron mezclados en venta y procesos cercanos a los 30 mil millones de dólares. A Menem se le ha acusado formalmente, entre otras cosas, de delitos graves como la venta de armas a Ecuador y Croacia y por la explosión de una fábrica militar para encubrir esa venta ilegal que costó, entre otras cosas, la vida a una decena de personas. Los Salinas han sido objeto de imputaciones sobre narcotráfico, lavado de dinero y desvío de fondos públicos y fueron investigados durante años por tribunales en Francia, Suiza e Inglaterra. La parte más conocida de aquellas investigaciones se refiere a la red de 30 cuentas colocadas en seis bancos y vinculadas directamente a los Salinas. La investigación en Suiza terminó en junio de 2002. Se estableció que había responsabilidad penal de Raúl Salinas y de Paulina Castañón en cuanto a la titularidad, última y definitiva, de los millones de dólares de esas cuentas. Suiza decidió, después de presumir un origen criminal, que hasta que la PGR no determinara la verdadera procedencia mantendría congelados casi 130 millones de dólares. Para ello, todo el expediente fue enviado a México.

Hace algunos años el periodista argentino radicado en Ginebra Juan Gasparini me dijo: a tu país “…fue un avión lleno de papeles”. Los mexicanos no hemos tenido noticia de qué hizo la PGR con toda esa información. No queda claro el estatus jurídico de Salinas. No queda claro si quedan causas abiertas por la existencia de ese dinero negro o no. Suiza entregó finalmente en el sexenio de Calderón el dinero al gobierno mexicano y una parte al empresario Carlos Peralta, que fue el único que sostuvo ante Suiza que había aportado una parte de un “fondo” de empresarios que “explicaba esa fortuna”. El resto se integró al presupuesto nacional. La PGR no le devolvió nada a Raúl ni a los otros y, por lo tanto, por lo menos de eso no se le puede considerar exonerado. De la partida secreta quedan las expresiones de Luis Téllez, de Miguel de la Madrid y una investigación fallida de la ex subprocuradora María de la Luz Lima Malvido que tuvo que salir a un extraño y largo exilio diplomático. Menem tiene, por ahora, la inmunidad que le da ser legislador por La Rioja. Salinas no. Simplemente encarna la frase que aceptó De la Madrid para describir a la realidad nacional: “la impunidad es condición necesaria para que la maquinaria siga funcionando”. Salvo prueba en contrario, la vigencia del dicho se mantiene.

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  1. EL HOLOCAUSTO DE LOS NIÑOS . VICTIMA DE LOS NAZI

    Los niños eran victimas especialmente vulnerables de los nazis. Es estimado que más de un millón de niños fueron asesinados bajo el gobierno nazi en Alemania y la Europa ocupada.

    En los ghettos, muchos murieron por falta de comida, ropa y vivienda. Los nazis consideraban que los niños del ghetto no eran productivos. En general no fueron usados para trabajos forzados, lo que aumentaba sus chances de deportación a los campos de concentración y exterminio.

    En los primeros años del régimen nazi, el gobierno nacionalsocialista estableció campos de concentración para detener a oponentes políticos e ideológicos tanto reales como supuestos. En los años previos al estallido de la guerra, los oficiales de las SS y la policía encarcelaban en estos campos a cada vez más judíos, romaníes y otras víctimas del odio étnico y racial. Para concentrar y controlar a la población judía y al mismo tiempo facilitar la deportación posterior de los judíos, los alemanes y sus colaboradores crearon ghettos, campos de tránsito y campos de trabajos forzados para los judíos durante los años de la guerra. Asimismo, las autoridades alemanas establecieron numerosos campos de trabajos forzados, tanto en el denominado Gran Reich Alemán como en territorios ocupados por los alemanes, para personas no judías a quienes los alemanes buscaban explotar laboralmente.

    Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, aproximadamente 1,6 millones de niños judíos vivían en los territorios que los ejércitos alemanes o sus aliados iban a ocupar. Cuando la guerra terminó en mayo de 1945, más de 1 millón y quizás hasta 1,5 millones de niños habían muerto, como víctimas del calculado programa de genocidio nazi. Como escribió el historiador del ghetto de Varsovia Emanuel Ringelblum en 1942, “aun en los tiempos más brutales, brilló una llama de humanidad en el corazón más cruel, y perdonaron a los niños. Pero la crueldad hitleriana es diferente. Es capaz de devorar a nuestros seres más queridos, a aquellos que hacen surgir la mayor compasión: los niños inocentes”.

    El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de aproximadamente seis millones de judíos por parte del régimen nazi y sus colaboradores. “Holocausto” es una palabra de origen griego que significa “sacrificio por fuego”. Los nazis, que llegaron al poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una “raza superior” y que los judíos, considerados “inferiores”, eran una amenaza extranjera para la llamada comunidad racial alemana.

    Los niños judíos eran de las primeras victimas cuando los alemanes y sus colaboradores querían destruir una comunidad judía, fusilándolos o deportándolos a los campos de exterminio.

    En 1933, la población judía de Europa ascendía a más de nueve millones, y la mayoría de los judíos europeos vivía en países que la Alemania nazi ocuparía o dominaría durante la Segunda Guerra Mundial. Para el año 1945, los alemanes y sus colaboradores habían asesinado aproximadamente a dos de cada tres judíos europeos como parte de la “Solución final”, la política nazi para asesinar a los judíos de Europa. Si bien las principales víctimas del racismo nazi fueron los judíos, a quienes consideraban el mayor peligro para Alemania, entre las otras víctimas se incluyen 200 mil romaníes (gitanos). Como mínimo, 200 mil pacientes discapacitados física o mentalmente, en su mayoría alemanes y que vivían en instituciones, fueron asesinados en el marco del llamado

    a persecución nazi de los judíos comenzó en Alemania en 1933. En 1939, se había privado sistemáticamente a los judíos del país de sus derechos civiles y su propiedad, y se los había aislado de la comunidad nacional. Las conquistas alemanas en Europa después de 1939 provocaron la implementación de políticas antisemitas en los territorios ocupados. Si bien el ritmo y la severidad de la persecución fueron distintos en cada país, a los judíos se los diferenció, denigró y segregó de sus vecinos.

    La gran mayoría de los judíos de la Europa bajo ocupación alemana nunca se ocultaron, por muchos motivos. Ocultarse significaba tener que dejar a los familiares, arriesgarse a recibir castigo inmediato y severo, y encontrar a una persona o familia dispuesta a brindar refugio. Muchos judíos, sin duda alguna, conservaban la esperanza de que la amenaza de muerte pasaría o que podrían sobrevivir hasta la victoria de los aliados.

    Lamentablemente, la disposición o la capacidad de las poblaciones no judías de rescatar vidas judías nunca era de la misma escala que el vehemente deseo de los nazis de destruirlos. Incluso en los países donde el odio hacia los ocupantes alemanes era profundo, el antinazismo no necesariamente generaba ayuda para los judíos. Los nazis describían a los judíos como portadores de enfermedades, criminales o agentes “bolcheviques” ansiosos por socavar las bases de la sociedad europea. Los nazis además desalentaban el rescate: amenazaban con castigar severamente a quienes fueran descubiertos ayudando a los judíos.

    En Europa oriental, los nazis generalmente aislaron a los judíos en ghettos, a menudo establecidos en las secciones más desoladas de una ciudad. En Europa occidental, los campos de internamiento, muchos de los cuales se habían establecido antes para albergar a refugiados y extranjeros enemigos, funcionaban como centros de detención para los judíos. Dichas políticas de aislamiento ayudaron a los nazis cuando comenzaron los fusilamientos masivos y las deportaciones a los centros de

    En 1941, Hitler tomó la decisión de implementar el asesinato sistemático y en masa de los judíos. Los equipos móviles de matanza siguieron al ejército alemán a la Unión Soviética en junio de 1941, y a fines de ese año, asesinaron a casi un millón de hombres, mujeres y niños judíos. En diciembre, el centro de exterminio de Chelmno inició sus operaciones. Durante 1942, los nazis establecieron otros cinco campos de la muerte para llevar a cabo el gaseo de los judíos de Europa.

    A todos los judíos los perseguían para matarlos, pero la tasa de mortalidad de los niños era especialmente alta. Solo del 6 al 11% de la población de niños judíos de Europa antes de la guerra sobrevivió en comparación con el 33% de los adultos. A los jóvenes generalmente no los elegían para realizar trabajos forzados, y los nazis a menudo realizaban “acciones de niños” con el fin de reducir la cantidad de “bocas inútiles” en los ghettos. En los campos, a los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas se los enviaba rutinariamente a las cámaras de gas inmediatamente después de su llegada.

    El martirio e intento de exterminio de la población judía centroeuropea a manos de los nazis afectó a unos seis millones de personas, al margen de a 800.000 gitanos, a cuatro millones de prisioneros de guerra soviéticos, y en un menor porcentaje a discapacitados, homosexuales y opositores alemanes al régimen de su país

    Después de la derrota de la Alemania nazi, el mundo entero descubrió el sorprendente saldo de víctimas humanas que dejó el Holocausto. Muy pocos niños judíos sobrevivieron. En los centros de exterminio y los campos de concentración de Europa, los experimentos médicos, las enfermedades, el maltrato y el asesinato sistemático se cobraron muchas vidas. De los aproximadamente 216.000 jóvenes judíos deportados a Auschwitz, solo 6.700 adolescentes fueron elegidos para realizar trabajos forzados; casi todos los demás fueron enviados directamente a las cámaras de gas. Cuando liberaron el campo el 27 de enero de 1945, las tropas soviéticas encontraron solo 451 niños judíos entre los 9.000 prisioneros sobrevivientes.

    Cuando la guerra terminó en 1945, los judíos de Europa que sobrevivieron comenzaron de inmediato la difícil y dolorosa búsqueda de familiares. Los padres buscaron a los niños que habían dejado en conventos, orfanatos o con familias sustitutas. Los comités locales de judíos de Europa intentaron registrar a los vivos y contar a los muertos. Los servicios de localización establecidos por la Cruz Roja Internacional y las organizaciones de ayuda a los judíos colaboraron en las búsquedas, pero estas a menudo eran prolongadas porque los nazis, la guerra y los traslados demográficos masivos en Europa central y oriental habían desplazado a millones de personas.

    La búsqueda de la familia era mucho más que una búsqueda de familiares. A menudo implicaba la traumática búsqueda de niños para volver a descubrir su verdadera identidad. Los que habían sido bebés cuando los ocultaron no tenían recuerdos de sus padres biológicos ni conocimiento de sus orígenes judíos. La única familia que muchos habían conocido era la de sus salvadores.

    Poco después de la liberación, las agencias judías de toda Europa comenzaron a localizar a los sobrevivientes y medir las bajas comunitarias. En los Países Bajos,

    Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó en 1945, había seis millones de judíos europeos muertos. Los habían matado en el Holocausto. Más de un millón de las víctimas eran niños.

    Impulsados por una ideología racista que consideraba a los judíos “indeseables parásitos” dignos solo de erradicación, los nazis implementaron el genocidio en una escala sin precedentes. Todos los judíos de Europa fueron elegidos para la destrucción: los enfermos y los sanos, los ricos y los pobres, los ortodoxos religiosos y los convertidos al cristianismo, los ancianos y los jóvenes, incluso los niños.

    Tras la selección en Auschwitz y otros campos, la mayoría de los niños eran mandados directamente a las cámaras de gas. Otros niños de los campos, especialmente mellizos, eran usados en experimentos médicos de los nazis. También hubo fusilamientos de niños por las SS y fuerzas policiales en Polonia y la Unión Soviética. Los líderes del Consejo Judío (Judenrat) fueron forzados a tomar la decisión, difícil y controvertida, de llenar las cuotas para la deportación de niños. Janusz Korczak, director de un orfanato en el ghetto de Varsovia, se negó a abandonar los niños elegidos para la deportación, y los acompañó en el transporte a Treblinka.

    A pesar de la aplastante persecución sufrida en manos de los nazis, muchos niños descubrieron formas de sobrevivir. Muchos niños contrabandeaban comida al ghetto. Algunos participaron en movimientos juveniles activos en la resistencia. Muchos escaparon a campos de partisanos.

    Algunas personas no judías ofrecieron lugares para esconder niños y algunas veces como en el caso de Ana Frank, para otros miembros de la familia también. “Kindertransport” (el trasporte de los niños) fue el nombre informal del rescate de miles de niños judíos a Gran Bretaña desde Alemania y los territorios ocupados entre 1938 y 1940. En Francia, casi toda la población protestante del pueblo Le Chambon-sur Lignon escondió niños judíos.

    En el período posterior al Holocausto, los refugiados buscaron por toda Europa los niños que se habían perdido. Miles de huérfanos estaban en campos de refugiados. Muchos niños se fueron de Europa oriental como parte del éxodo masivo (Brihah) hacia las zonas aliadas, en camino al Yishuv (el asentamiento judío en Palestina). A través de la Aliyah de jóvenes (la inmigración de jóvenes), miles emigraron al Yishuv, y luego al estado de Israel

    Después de la invasión de la Unión Soviética en junio de 1941, los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza) y más adelante, los batallones militarizados de oficiales de la Policía iban detrás de las líneas alemanas para llevar adelante operaciones de asesinato en masa de judíos, romaníes y oficiales del partido comunista y del estado soviético. Las unidades alemanas de las SS y la policía, con el apoyo de unidades de la Wehrmacht y de la Waffen SS, asesinaron a más de un millón de hombres, mujeres y niños judíos junto con cientos de miles de otras personas. Entre los años 1941 y 1944, las autoridades alemanas del régimen nazi deportaron a millones de judíos desde Alemania, los territorios ocupados y los países de muchos de sus aliados del Eje hacia los ghettos y los centros de exterminio, también llamados centros de la muerte, donde fueron asesinados en cámaras de gas diseñadas especialmente para tal fin.

    Durante los últimos meses de la guerra, los guardias de las SS trasladaron a los prisioneros de los campos en tren o en marchas forzadas, también denominadas “marchas de la muerte”, en un intento por evitar que los Aliados liberaran a grandes cantidades de prisioneros. A medida que las fuerzas aliadas se trasladaban por Europa en una serie de ofensivas contra Alemania, empezaron a encontrar y liberar a prisioneros de los campos de concentración, así como a los prisioneros que estaban en el camino en marchas forzadas desde un campo hacia otro. Las marchas continuaron hasta el 7 de mayo de 1945, el día en que las fuerzas armadas alemanas se rindieron incondicionalmente a los Aliados. Para los Aliados occidentales, la Segunda Guerra Mundial finalizó en Europa oficialmente al día siguiente, el 8 de mayo (día V-E), mientras que las fuerzas soviéticas anunciaron su “día de la victoria” el 9 de mayo de 1945.
    Las acciones organizadas para rescatar a los niños comenzaron incluso antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La Aliyah de jóvenes (la inmigración de jóvenes), (un movimiento fundado para el traslado de niños judíos desde Alemania a Palestina), auspiciada por la Agencia Judía en Jerusalén, logró llevar más de 14.000 niños sin compañía a Palestina y Gran Bretaña entre 1933 y 1945. En Gran Bretaña, un grupo tutelar conocido como el Movimiento para el Cuidado de los Niños organizó el viaje y albergue de más de 10.000 niños refugiados judíos europeos entre diciembre de 1938 y septiembre de 1939. Dado que estos niños viajaban sin sus padres, la operación se denominó Kindertransport (transporte de niños).

    La liberación de la tiranía nazi no terminó con el sufrimiento de los pocos niños judíos que sobrevivieron al Holocausto. Muchos de ellos debieron enfrentar un futuro sin padres, abuelos o hermanos.

    No obstante, miles de niños judíos sobrevivieron a esta cruel matanza, muchos de ellos porque estaban ocultos. Con identidades cambiadas y a menudo ocultos físicamente del mundo exterior, estos jóvenes enfrentaron temor, dilemas y peligro constante. Su vida estaba en las sombras, donde cualquier comentario descuidado, denuncia o los murmullos de vecinos inquisitivos podía llevar al descubrimiento y la muerte.

    Después de la guerra, los padres judíos a menudo pasaron meses y años enteros buscando a los hijos que habían ocultado. Si tenían suerte, encontraban a sus hijos que todavía estaban con el salvador original. No obstante, muchos recurrían a servicios de localización, artículos de diarios y registros de sobrevivientes con la esperanza de hallar a sus hijos.

    Cientos de niños que habían estado ocultos narraron el tremendo dolor de los días de la supervivencia. Muchos intentaron recuperar un pasado que los nazis les habían robado: familias que nunca habían conocido o que eran solo recuerdos lejanos, y hasta sus propios nombres de nacimiento. Otros se sorprendieron de enterarse de que eran judíos. Al hurgar en los lugares más recónditos de sus vidas anteriores, estos sobrevivientes especiales conservan el recuerdo de los padres que los trajeron al mundo, los salvadores que los rescataron y un tiempo que amenazó con devorarlos.

    Muchas veces, la búsqueda de familiares terminaba en trágicas noticias de hijos que habían desaparecido o habían sido asesinados, o de que no habían quedado familiares vivos que reclamaran a los niños.
    El futuro de miles de niños huérfanos judíos se volvió un asunto apremiante. En los Países Bajos, a más de la mitad de los 4.000 a 6.000 sobrevivientes se los declaró “niños adoptivos de la guerra” (Oorlogspleegkinderen), y a la mayoría los pusieron bajo la custodia de un comité del estado. A la gran mayoría los devolvieron a algún familiar sobreviviente o a una organización judía, pero más de 300 fueron entregados a familias no judías.Después del Holocausto, muchos de los sobrevivientes encontraron refugio en los campos de refugiados que administraban las fuerzas aliadas. Entre 1948 y 1951, casi 700 mil judíos emigraron a Israel, incluidos 136 mil judíos refugiados de Europa. Otros judíos refugiados emigraron a Estados Unidos y a otros países. El último campo de refugiados se cerró en 1957. Los crímenes cometidos durante el Holocausto

    ABEL REYES TELLEZ PRESIDENTE NACIONAL PARTIDO SOCIAL CRISTIANO NICARAGUENSE PSC. HISTORIADOR TEOLOGO ESCRITOR CRISTIANO. TELFAX 505. 22493460 EMAIL: PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM
    .MANAGUA NICARAGUA.


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