Posteado por: elobservadorcampechano | abril 5, 2009

Evangelio de Judas

Jorge Dulitsky

 Después de haber visto el programa de 2 horas de duración difundido por la National Geographic el 9 de abril. Sobre el evangelio de Judas, quisiera dar mi opinión.
La presentación es excelente y abre muchos caminos para investigar la historia del cristianismo. El final del programa es de compromiso con la Iglesia, pues afirma que el Evangelio de Judas no cambia nada. Creo que obliga a repensar muchas cosas. Estas son mis conclusiones.Estoy convencido que ningún hallazgo arqueológico debería cambiar la fe religiosa, pues el creyente no necesita pruebas. La investigación histórica sólo aporta comprobaciones del entorno en que sucedieron hechos que, como en el caso de Jesús, no están documentados y la única fuente son los Evangelios.

Cuando Ernst Renan anunció, en el siglo XIX, que Nazareth no existía en épocas de Jesús, se confirmó que muchas afirmaciones evangélicas fueron escritas con sentido misionero, no como relato histórico.

Hasta el siglo XIX era temerario poner en duda cualquier texto evangélico, pues hubiera sido un atentado contra del dogma. En esa época se determinó la ‘infalibilidad del Papa’, como modo de descartar cualquier hallazgo comprometedor. Pero desde esa época comenzó el interés por el Jesús histórico.

El siglo XX trajo muchas novedades gracias al naciente interés por la arqueología. A partir del descubrimiento de los manuscritos de Nag Hammaddi en Egipto en 1945 y los Rollos del Mar Muerto en 1947, la historia religiosa dejó de ser un monopolio de las autoridades vaticanas y despertó el interés del gran público. La mejor prueba es el apasionamiento actual provocado por el ‘Código Da Vinci’ y la aceptación de la posibilidad que María Magdalena fuera la pareja de Jesús.

El problema con el Evangelio de Judas no es determinar su autenticidad, sino que la aparición de tantos documentos obliga a preguntarse la razón por la que sólo se admitieron como buenos los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Estoy convencido que los más de 50 evangelios encontrados hasta ahora son todos auténticos y relatan, cada cual a su modo, las enseñanzas de Jesús. Y en todo caso, habría que investigar también la autenticidad de los canónicos.

Sucede que existieron muchos cristianismos. Desde sus comienzos dentro del judaísmo, las ideas de Saulo de Tarso, luego san Pablo, eran muy diferentes a las de Santiago, el hermano de Jesús y cabeza de la secta judeocristiana en Jerusalén. Las discusiones teológicas dieron lugar a la formación de docenas de sectas y una de las más importantes fue la gnóstica. A esa secta se atribuye la mayor parte de los evangelios encontrados en Egipto. Sus integrantes fueron perseguidos por sus adversarios cristianos y sus escritos fueron destruídos. Los que se encontraron fueron ejemplares puestos a salvo por algún grupo de creyentes en esa variante religiosa y ahora salieron a la luz.

A partir de los Rollos del Mar Muerto, se deduce que Jesús fue esenio, su prédica es coincidente con muchas ideas esenias – y diferentes del resto de las predominantes en Judea. Entre otras, por ejemplo, la necesidad de destruir el Templo construído por Herodes, que era un nido de mercaderes que no respetaban la ley mosaica.

También se sabe ahora que Jesús tenía amigos zelotas, los militantes que querían enfrentar a los romanos con las armas. Zelota significaba ‘celoso del cumplimiento de la Ley’. Judas era un zelota y posiblemente Pedro era otro. Y la militancia revolucionaria de Jesús ya no puede ponerse en dudas.

Se supone que los evangelios canónicos fueron escritos medio siglo después de la desaparición de Jesús, por autores anónimos que jamás lo conocieron. Fueron redactados en griego, idioma ajeno a la zona donde había vivido Jesús, cuyo nombre también fue una traducción al griego, pues Jesús se llamaba Yeshua – que significa Salvador – y Judas se llamaba Yehuda, que significa judío, y es probable que ambos nombres fueran sobrenombres.

Los cuatro evangelios canónicos tal como los conocemos no son los originales: los ejemplares más antiguos que se conocen son del siglo IV, aprobados en Nicea por orden de Constantino luego de sufrir modificaciones que permitieron adaptarlos a la circunstancias históricas de ese momento.

Constantino ordenó destruir los demás evangelios, que recibieron el confuso calificativo de apócrifos, aunque todos eran tan originales y genuinos como los de Mateo, Lucas, Marcos y Juan. No podemos estar seguros de la autenticidad del Evangelio de Judas, pero está claro que los envangelios aprobados fueron ‘seleccionados’ y ‘depurados’ por los padres de la iglesia para hacerlos coincidir con las corrientes cristianas que se impusieron, frente a las que recibieron el nombre de herejes. Muy pocos saben que la persecusión y muerte entre las diferentes sectas cristianas cobró más vidas que las de los romanos.

Creo que los aportes de la investigación histórica sobre episodios religiosos deben ser tomados como indicios sobre una realidad que fue diferente a la que conocíamos hasta ahora. El papel de Judas siempre fue puesto en duda por los historiadores. No necesitaba los 30 denarios, con lo que se podían comprar 3000 panes. Era el tesorero del grupo y disponía el manejo del patrimonio común. Su llamada ‘traición’ era innecesaria pues Jesús no se escondía, cualquiera sabía donde encontrarlo.

El Evangelio de Judas afirma que Jesús privilegió a Judas cuando lo puso al tanto de su plan: ‘despojarse de su cuerpo humano para volver al Padre’. Para eso, Judas debía denunciarlo a las autoridades del Templo y se produciría un enfrentamiento definitivo. Pero intervinieron los romanos, que consideraron que la prédica de Jesús era subversiva. Su entrada en Jerusalén el Domingo de Ramos, como descendiente de David con pretensiones al trono de Israel, fue un claro desafío a la autoridad imperial, lo que provocó su detención y ejecución por decisión de Pilatos.

La idea de convertirse en mártir era común en la Judea del primer siglo. La esperanza de una vida mejor después de la muerte estaba muy difundida. A pesar de lo difícil de hacer comparaciones, muchos suicidas islámicos de la actualidad creen que les espera un Paraíso en el más allá. Es una idea ancestral cuyas raíces deben buscarse en la situación apocalíptica de Judea, desde la época del Libro de Daniel.

El ejemplo de Masada con 960 judíos que prefirieron la muerte al sometimiento a los romanos lo prueba. No sería imposible que Jesús hubiera pensado en algo parecido, tal como lo sugiere el Evangelio de Judas. Y eso cambia la circunstancia histórica, no la fe cristiana. La idea no es nueva: Nikos Kazantzakis la propuso en ‘La Última Tentación’ y también está sugerida en el ‘JesusChrist Superstar’ de A. L. Weber.

La revisión de la actitud de Judas preocupa a los religiosos pues cambia el escenario de la Pasión. A tal punto que hay un grupo de jesuitas alemanes que proponen su beatificación, por haber sido el apóstol que entendió el plan de Jesús.

Sería deseable que, sin desmedro para el dogma, las autoridades vaticanas tomen conciencia que los orígenes del cristianismo fueron diferentes a lo que se enseña en los seminarios. Que la culpa atribuida a los judíos por un crimen cometido por los romanos fue un recurso del siglo IV que les permitió aliarse con sus antiguos enemigos, en Roma. Pero las muertes inocentes causadas por esa errónea acusación costó millones de víctimas durante los últimos dos milenios. Es hora que la iglesia corrija ese punto.

Irónicamente, el promotor del cristianismo triunfante fue Constantino, el emperador que lo admitió como religión posible – no oficial – del imperio. Envió a Helena, su madre, para averiguar algo de Jesús en Tierra Santa y ella determinó por revelación ciertos lugares y hechos de la Pasión que figuran en la tradición, no en los envangelios – como el Via Crucis o la ubicación del Santo Sepulcro. Mientras, Constantino siguió haciendo ofrendas al ‘Sol Invictus’, su religión pagana, y sólo permitió ser bautizado minutos antes de morir, por un sacerdote cristiano, perteneciente a la secta arriana.

Cortesía la Voz y la Opinión


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