Posteado por: elobservadorcampechano | enero 24, 2009

(DESDE CAMPECHE) ASI FUE MI FORMACION

Por Carlos Cervera Ancona

Espero que mis “numerosos lectores”…no tengan otras cosas que hacer para que distraídamente lean estas incoherencias a las cuales llamaré, “parte de mi historia”, todos tenemos una, por modesta que ésta sea, usted también tiene la suya.
Nada ejemplar o muy poco, para que sirva de ejemplo a los jóvenes que gustan de imitar las proezas de los mayores. Fui un joven como tantos otros de mi época, educado a la antigüita como se di ce por los tiempos pasados.
Mis mayores trataron de inculcarme las buenas costumbres de mi tiempo, y a Dios gracias adquirí bastante de lo que me enseñaron que fue y es, el respeto a los demás sin importar clases sociales ni algo parecido.
Pero esta Situación cambió al paso de los años transitados, y viví dos entre gente de todas las calañas… Había que aparentar dureza ante los demás, o como el del camarón que duerme se lo llevaba la corriente. Y aunque mi apariencia de niño bien no ayudaba mucho, me daba mis mañas para sobrevivir entre esas gentes.
En Coatzacoalcos, Veracruz, sucedió algo que marcó mi posición de niño, a hombre. Ayudaba a un mecánico que reparaba tráileres cargueros sin horario fijo, muchas noches a eso de las once luego de un día cansado, me acostaba a dormir después de un baño con agua tibia, pero en eso llegaba un camión y a darle a la chamba.
Un día de tantos a la hora de la comida acostumbrada, me lave las manos y acudí lo más posible aseado al comedor, y fue entonces que mi situación comenzó a cambiar. Resulta que la dueña del taller, era también la dueña de la fonda aquella donde comíamos los “mecánicos” yo incluido que aunque no era “maistro” sino simple ayudante. Resultó dueña también de “el tumbaíto” un cabaretucho anclado en la calle transsismica de aviación, frente a Puertos Libres, del otro lado del río Coatzacoalcos, por cierto había ahí mu chas bellas damitas, las cuales eran intocables para mí.
Este día se acabó el trabajo nos dijo el jefe del taller, vamos a fes tejar a la patrona. Resulta que la llamada patrona quería que yo tomara una cerveza con ella para brindar por su felicidad, pero resultó que lo que en verdad quería, era trabar amistad conmigo pues le había dicho al “maistro”, que yo le gustaba por que parecía un niño bien educado, y posiblemente de buena familia.
Dispénseme señora le dije, nunca he tomado cerveza no se enoje pero no me gusta este tipo de bebida…la vejancona aquella hasta pareció que le gustó lo que le dije pues, llamó al jefe del taller y le dijo: mira Ruperto pueden irse a donde quieran ustedes los demás mecánicos pero a Carlitos, me lo dejas aquí conmigo; busca cómo le haces pero él se queda aquí.
Tenía por esas fechas 17 años cumplidos, ni siquiera llegaba a la mayoría de edad. Rebosaba de salud y potencia juvenil, nada me sorprendía, a nada temía, las energías rebosaban; tenía en abundancia lo que el padre cronos te quita con el tiempo. Doña Mari como se llamaba la señora aquella, se encaprichó de tal manera conmigo que una madrugada tuve que salir huyendo de su lado, tenía celos de todas las mujeres que solamente miraba, debido a su edad posiblemente pues en la fiesta aquella estaba cumpliendo 50 años, yo solamente 17 y unos meses en la edad.
Las diferencia en los años era abismal, con todo sabía comportar me pues con ella tenía de todo lo que jamás soñé. Ya antes ahí en Coatzacoalcos había padecido hambres al no encontrar empleo a mis años nada sabía hacer y con doña Mari, nada me faltaba pero soportarle sus celos era tremendo, para mi juventud inquieta, aventurera, pero libre de compromisos con nadie por nada.
Recuerdo que una madrugada salí huyendo de su regazo porque a su lado, la vida no era vida. Perdí la comodidad a la que me había acostumbrado junto a doña Mari, pero considero que fue lo mejor que pude hacer entonces.
Días después Recalé en la “Venta-Tabasco” campo petrolero donde había trabajo para los cientos de jornaleros, más no para mí pues mi apariencia de niño no me ayudaba en nada, y tenía que suplicar para ser admitido como un jornalero más para ganarme unos pesos y comprar los alimentos.
Así comencé a endurecer mi carácter la misma vida me enseñó es te modo de subsistencia. Doña Mari fue mi maestra, me enseñó ha ver la vida del color que realmente es. Las bromas que los chicos acostumbran decir y hacer, se me fueron olvidando al paso de los años, había dejado de ser un niño; para convertirme en un hombre a mi temprana edad, de aquello a nuestros días han pasado muchos años luz…
Decía que mi carácter se endureció por que había que hacerlo aun que, nunca dejé de comportarme con la educación que me inculca ron mis mayores, no tengo de qué avergonzarme aunque tampoco, creo que mi vida sirva de ejemplo para algún joven con regulares principios y educación a la antigüita…Si para algunos soy un tipo grosero, sin educación, y falto de todo; posiblemente se deba esto
a mi formación, y a los golpes de la vida la cual viví mayormente solo, sin compañías familiares; y alejado de pandillas.
En próximas entregas les iré contando algunas anécdotas que viví, donde esto mismo fue la formación de lo que hoy arrastro que son entre otras cosas, mi agrio carácter, mi nulo trato social, pues todo lo veo distinto a los demás hasta parezco estar peleado con todo el mundo, y no es así aunque parezca lo contrario.
Poco a poco se irán enterando de los tropiezos que sufrí de los cuales supe levantarme…No todo en la vida de un aventurero son como muchas veces las contamos, pues hay pasajes que si no son vergonzosos tampoco podrían servirle de ejemplo a algún joven impetuoso, que quiera lanzarse a la vida a recorrer mundo como lo hice en mis tiempos juveniles.
Transité por varios estados, pero donde estuve por más de 7 años fue en Villahermosa, Tabasco. De ahí tengo bellísimos recuerdos pero también, dolorosos pasajes…Por mi carácter de vinagrillo dejé un empleo y me quedé en la calle, como no tenía donde dormir ” El parque Tabasco”, entonces donde se llevaban a efecto las tradicionales ferias de exposición ganadera de cada año, me sirvió tanto de hotel, como de restaurant, pues ahí dormía y comía…
Cada mañana al levantarme, primeramente me aseaba en la “laguna de las ilusiones” a un lado del “parque Tabasco”, posteriormente, escogía “mi” árbol de mangos, bajaba unos cuantos y me desayunaba. Algunas veces eran manilas, otras mango indio, etc. etc.
Cabe señalar que antes de embutirme a huevo de mangos a toda hora, en la oficina donde trabajaba no tenía ningún problema pero mi carácter odioso, que por cierto en algunas ocasiones me ha servido de mucho, más no en aquella me obligó a saborear mango 3 veces al día…Hay muchas, pero muchas más vivencias, que poco a poco les iré contando.

Continuará….


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