Posteado por: elobservadorcampechano | junio 5, 2008

Petróleo, ¿asunto de técnicos o de ciudadanos?

Ricardo Monreal Avila
En el Porfiriato se excluyó cualquier participación de los ciudadanos en decisiones políticas que fueran más allá de cuestiones electorales. El argumento central era, “el Pueblo no está preparado para la democracia. Los temas de gobierno son cuestiones técnicas y solo pueden ser abordados por técnicos”.

 Al amparo de esta teoría se prohijó una vertiente de la clase política de entonces, conocida popularmente con el nombre de “científicos”, que son el antecedente inmediato de los actuales “tecnócratas”. Por “tecnócrata” se entiende a la “persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas” (Diccionario de la Real Academia). Los ciudadanos son buenos y necesarios el día de la elección de las autoridades, pero el ejercicio de gobierno es otra cosa, es un asunto de especialistas, técnicos y científicos. Aquí nada tiene que hacer o decidir el pueblo.

 PEMEX y la Secretaría de Energía han descartado la posibilidad de realizar una consulta ciudadana sobre la reforma energética con argumentos idénticos a los utilizados por “los científicos” en el Porfiriato. Es un asunto técnico, donde poco o nada tiene que aportar la ciudadanía. Es decir, el petróleo sí es de los mexicanos, pero no pueden decidir sobre su destino, explotación y utilización. El pueblo es poseedor de una riqueza natural de la que no puede disponer libremente por ser menor de edad; para ello tiene un albacea que es el gobierno y PEMEX.

 La negativa del gobierno a realizar una consulta ciudadana sobre la reforma energética, es decir, a someterla a un referéndum para su aceptación o rechazo, desnuda la verdadera naturaleza del gobierno y su proyecto de reforma. Confirma que la iniciativa de Felipe Calderón carece de respaldo ciudadano mayoritario (de otra forma, hubieran aceptado la consulta a ojos cerrados). Reafirma que la campaña publicitaria oficial para convencer a los ciudadanos de las “bondades” y “beneficios” de la misma no surtió los efectos esperados. Ratifica que todo aquello que implique ejercitar en el país la democracia participativa directa (consulta ciudadana, referéndum, plebiscito, iniciativa ciudadana, revocación de mandato) pone en jaque al gobierno. Los “científicos” de Porfirio Díaz tenían desprecio por el pueblo. Los “tecnócratas” de hoy tienen miedo a la ciudadanía. “Para eso tienen a sus representantes populares en el Congreso, ¿qué sentido tiene que vuelven a votar?”. Desde este punto de vista conservador y obtuso, bastaría con que el Congreso aprobara la reforma para hacerse realidad.

 La pregunta elemental es, ¿y después del Congreso qué sigue? En condiciones democráticas de avanzada, dispondríamos de dos instancias: un tribunal constitucional que dictaminara si los legisladores se apegaron a la Constitución o se excedieron en sus facultades; un referéndum o consulta ciudadana que ratificara o rechazara lo aprobado por el poder legislativo. Leer más…

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